Ponernos en acción…

La idea es ponerse en movimiento sin esperar futuros remotos, porque la educación se juega en tiempo presente, en este mismo momento. La urgencia está dada y somos más que conscientes de ello: es vox populi que las instituciones educativas necesitan de una transformación porque las culturas y los sujetos han cambiado… ¡porque nuestros estudiantes han cambiado! Y porque, además, queremos una educación para todos/as, una educación verdaderamente inclusiva, abierta, solidaria, plural. 

Pero, ¿transformar para qué? ¿transformar cómo? Una respuesta posible sería “para alcanzar la calidad”. No estaría mal… pero ¿cómo lo planteamos? Como “educación de calidad”, “calidad de los aprendizajes”… Todas estas expresiones parecen del orden del sentido común. ¿Quién puede dejar de aspirar a una mejor calidad? ¡En la vida misma -podríamos agregar- querríamos alcanzar una mejor calidad! Bien, entonces, si hablamos de educación, habría que precisar el “sentido” de la calidad: 

¿Qué entendemos por aprendizaje de calidad? ¿Aprendizaje de calidad es impartir una lección de forma uniforme para todo el alumnado? ¿Aprendizaje de calidad es aprobar un examen al repetir fielmente lo que se ha explicado en clase? ¿Garantizamos un aprendizaje de calidad cuando el docente es el dueño del contenido, controla el tiempo, la secuencia de aprendizaje y el ritmo?

Instrucción directa, una respuesta inclusiva de calidad para todo el alumnado. (Coral Elizondo)

Mariana y Silvana nos darán puntos de partida para pensar estas cuestiones. La idea es generar espacios de pensamiento que lleven a la acción concreta, que conecten el desarrollo de nuestras clases con lo que sucede afuera de ellas porque “se enseña y se aprende en el acto de transformar el más allá del aula y eso invierte la secuencia clásica de explicación-aplicación” (Maggio, 2018). 


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